Editorial

Las paradojas del deseo es el tema para nuestro número inaugural de Nadie Duerma. De este modo, insertamos el nacimiento de nuestra revista digital en el marco de los ecos del reciente encuentro de Río de Janeiro, en el que ha quedado planteado el mismo tema para el próximo encuentro de París 2014.

Podemos decir con Lacan que el inconsciente habla el dialecto de las pulsiones parciales. Podemos decir también que el deseo, nunca imparcial, es dueño de las paradojas; situación preferencial que nos permite hablar de las paradojas del deseo. Por otra parte, estamos acostumbrados a situar al sujeto como efecto de lenguaje, y también como respuesta ante lo real, aunque de un modo esquivo, ya que sujeto y real se excluyen. O dicho de otro modo: el anonadamiento de lo real destituye toda posibilidad de sujeto. En todo caso será luego, en un momento de reanudamiento de la articulación simbólica, que un sujeto advenga.

En cambio, la paradoja es testimonio del deseo. El deseo que habita en los intersticios de las palabras se deja sospechar a través de las paradojas. Ellas constituyen el dialecto del deseo, un dialecto que con su sola presencia dice que hay deseo en el mundo: que hay sujeto humano, ser hablante.

Deseo paradojal, siempre, armado como un ser que no es, un todo incompleto, un discurso inconsistente. La emergencia de la subjetividad humana, el deseo, que se translitera bajo la forma lógica de la paradoja, provoca con su advenimiento la perforación de lo consistente y de lo completo bajo la forma de lo indecidible.

El deseo, con sus paradojas, muestra lo indecible, señala lo imposible, subvierte la realidad. Plantea terrenos inverosímiles con el auxilio de la verdad, que como en un error, como en un “salto” del programa de des-ocultar un sentido en la presencia al precio del ocultamiento de otro, ilumina una conflagración mortal de proposiciones. Mortal para la completud o la consistencia de lo que de máquina padecemos, y para la economía de autómata que sostiene el programa.

En la dirección de no desoír ese deseo y de hacerlo circular en su misma estructura de paradoja, celebramos la aparición de nuestra nueva propuesta: Nadie Duerma. Nessun dorma, tal la sentencia de la princesa Turandot que, a pesar de su dureza, puede ser leída como la exhortación a no dejar escapar el amor. Nadie Duerma da testimonio sobre nuestro modo de no dejar escapar la posibilidad de ese lazo tan particular, que constituye la práctica de interrogar la experiencia analítica junto a nuestros colegas. Algunos de ellos nos acompañan en este número inaugural sobre las paradojas del deseo.

En esta primera entrega, podemos leer las consideraciones del deseo en el final de un análisis, de cara al dispositivo del pase, en el trabajo de Marcelo Mazzuca. Vanina Muraro propone la exploración de la dimensión ominosa del deseo. Cristina Toro reflexiona sobre la satisfacción del deseo -planteo paradojal- y las vicisitudes en el ingreso al dispositivo analítico. Matías Buttini recorre la etimología de los términos que nos convocan en este número y despliega la insistencia del deseo del analizante, para luego reflexionar a partir de la lectura de testimonios de pase en el trabajo de cartel. Por su parte, David Vargas Castro se pronuncia en relación al deseo en la psicosis. Florencia Farías y Silvana Castro Tolosa nos hablan del deseo del analista como concepto, operador lógico y ético en la experiencia de un psicoanálisis. Cerramos la primera sección de este número de Nadie Duerma con las reflexiones de Carolina Zaffore respecto de cómo el análisis conduce a señalar las paradojas, pero -de ningún modo- a suprimirlas.

Reservamos para la sección “Los lunes del FARP”, las palabras de Gabriel Lombardi, de quien nos disponemos a retomar su conferencia pronunciada en nuestro Foro respecto de “El conocimiento del síntoma y las opciones del final del análisis”. En la misma sección, recuperamos “Vergüenza y mirada”, trabajo que le había dado ocasión de tomar la palabra a Luciano Lutereau. Por su parte, y retomando -una vez más- la pregunta por el final del análisis, Héctor López propone que se trata de una operación a construir, mientras que Rithée Cevasco aborda el mismo problema a través de una pregunta inquietante, aun enunciada en el segundo milenio: “¿Cómo no ser kantianos?”. Esta sección finaliza con un texto sobre la Red Asistencial del FARP. En él, Laura Salinas nos pone al tanto de las particularidades que esta propuesta conlleva para analistas y analizantes.

La última sección de Nadie Duerma está dedicada al comentario del algunos libros de reciente aparición y de nuestro interés. Agradecemos la colaboración de Pablo Peusner y Marcelo Mazzuca, nuestros comentaristas en esta oportunidad.

Nuestro agradecimiento a los autores que han compartido con nosotros sus valiosos aportes. Ellos dan cuerpo hoy al número inaugural de Nadie Duerma, nueva rúbrica de nuestro deseo.

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