Editorial

Extranjero en su propio cuerpo, Mersault es condenado tal vez por no avenirse a las normas de la ciudad, aunque ello no lo convierta en Antígona. Extraño a su tiempo y a sus emociones, la relación con sus semejantes lo conforma, él se acomoda a ellos. El cuerpo extraño de Mersault acaso sea su vida emocional, ajena a los afectos discernibles por el mundo, del cual parece no formar parte aunque esté ahí.

Un cuerpo de significantes o un cuerpo de letras, un cuerpo imaginario que se pretende unificante o un cuerpo pulsional, recortado en zonas erógenas que distribuyen el goce. Unos “ojos torcidos” que no se tuercen ni se sintomatizan; o bien un pensamiento que hostiga la imagen del cuerpo, alterándola a ella e inhibiéndolo a él en sus funciones. Una letra que lesiona, como incrustada, el funcionamiento del organismo y la posibilidad de que el cuerpo -sintomatizado- hable para un analista.

Por todo esto, el plural. Los cuerpos del síntoma evoca la complejidad de la clínica cotidiana, ésa que nos ocupa cada día, haciendo de nosotros una oreja que escucha, un ojo que mira, o vaya uno a saber qué clase de formación del objeto a.

Cuerpo extraño -extranjero, como Mersault-, extraterritorial: el síntoma. Eso que -como dijera Lacan más de una vez- “el sujeto conoce de sí sin reconocerse en ello”. Un cuerpo trazado según la complacencia imaginaria del narcisismo; un corpus de significantes. Un cuerpo fragmentado, devenido esquirlas intrusas que desgarran la realidad y atomizan al ser hablante; un cuerpo libidinizado, enfermado o en falta… más de un cuerpo.

En esta cuarta edición de Nadie Duerma, en nuestra sección temática “Los cuerpos del síntoma”, Santiago Candia nos recuerda que la extraterritorialidad del síntoma es señalada tempranamente por Freud. ¿Quién será capaz de traducir esa transliteración de silencio a medio decir en lengua extranjera? “El traductor” despliega dicho interrogante.

Silvana Castro Tolosa, en “Un penar estrafalario”, revisita la extraterritorialidad del síntoma a través de la práctica china de los “pies vendados”, también llamados “pies de loto”, estableciendo un paralelismo con la concepción freudiana del síntoma como huésped y la idea lacaniana de “esfuerzo” para desembarazarse del “penar estrafalario”.

En “El deseo del análisis y la pulsión invocante”, Gabriel Lombardi interroga el estatuto del objeto voz en sus relaciones con el deseo del analista. Allí se constituye el sujeto dividido, ese sujeto-síntoma que permite al análisis alcanzar el real que le es propio.

“El cuerpo de los amantes” es el título que Vanina Muraro y Martín Alomo encontraron para sus indagaciones acerca del amor, la pasión y lo real. El cuerpo del amado y el partenaire-síntoma encuentran en este texto un punto de conexión erótico y a la vez sufriente: sintomático. Así lo señalan los autores y las abundantes referencias por ellos citadas.

 En “Duelo: síntoma, cuerpos, ética”, David Vargas Castro pone a dialogar el “Manuscrito N” con “Duelo y Melancolía”, y logra establecer contrapuntos interesantes. El problema de qué es lo analizable en la clínica del duelo, cómo caracterizar el inconsciente y cómo delimitar el síntoma en esta situación.

Dominique Kahanoff, en su trabajo “Duelo y toxicomanía” propone un matiz novedoso para el texto freudiano sobre la melancolía. En su recorrido encuentra apoyo en los mitos griegos, para llegar a preguntarse cómo introducir una marca en el contexto de una repetición que toma al cuerpo como campo de batalla, aparentemente más allá, por fuera de la tramitación simbólica.  

Gabriela Zorzutti se pregunta “¿En qué lo simbólico depende del cuerpo?”. Presenta brevemente de qué manera aparece -y respondiendo a qué- el concepto de “incorporal” en la filosofía de los estoicos, para retornar luego a los planteos de Lacan y establecer puntos de contacto y diferencia con el uso que hace de esta noción.

En “De un síntoma que hace cuerpo a un cuerpo para el síntoma”, Valeria Mércuri sitúa el cuerpo en los registros topológicos lacanianos, e invita a pensar -a partir de un caso clínico- cómo el cuerpo participa en cada uno de ellos.

Ana María Garibaldi, en “El cuerpo en el juego del síntoma”, presenta un material clínico que muestra la potencia inestimable de la intervención lúdica en la clínica de niños, como modalidad de hacer jugar al cuerpo en el síntoma.

Luego, en la sección “Príncipe Calaf”, algunos autores se suman a nuestro eje temático y otros participan con aportes diversos -incluso desde otros discursos- que enriquecen el debate en nuestra comunidad.

Eduardo Albornoz, en “Crítica de la ética kantiana”, expone los fundamentos de la crítica que surgen de las lecturas del escrito “Kant con Sade”, que el autor pondrá a dialogar con diferentes momentos de la obra de Lacan.

Luján Iuale escribe "El síntoma-nudo entre sufrimiento y satisfacción", partiendo de la sentencia de que la clínica psicoanalítica no es sin el cuerpo. La autora afirma que el encuentro de Freud con la histeria promovió sus desarrollos sobre el síntoma al punto tal de engendrar una teoría del cuerpo que no excluyó a otras presentaciones clínicas.

Jorge Baños Orellana, en su texto “De la dificultad de ponerle el cuerpo a la teoría”, plantea hasta qué punto es fatal, estructural, que algunas cuestiones que toman cuerpo en la escena analítica resulten omitidas a la hora de su transmisión. Para esclarecerlo, vincula este dilema al de la representación en el arte abstracto y rememora dos soluciones fallidas del psicoanálisis argentino: la desnudez médica del psico-somatismo (décadas del ‘40 y ‘50) y el exhibicionismo libertario psico-bolche de los ‘60 y los ‘70. Baños Orellana se pregunta: ¿La actualidad de los testimonios del pase logra evitarnos aquel impasse?

“El síntoma en la transferencia” es el trabajo de Valeria Stranges, quien se apoya en los planteos lacanianos sobre alienación y separación para explayarse sobre el problema siempre complejo de la imbricación entre síntoma y transferencia. Al planteo conceptual se suma la utilización de un recorte clínico que resulta esclarecedor.

En “Las manos (sinthome)”, Nicolás Cerruti retoma la lectura de Lacan sobre Joyce, poniendo el énfasis en la relación del escritor con su cuerpo y, luego, con la escritura, para llegar al anudamiento entre ambas. Retoma la pregunta de Lacan ¿por qué Joyce publicó?

Esteban Ruiz Moreno plantea un exhaustivo recorrido histórico en"Algunas reflexiones dobre los registros del cuerpo en el síntoma histérico". El autor concluye que en el caso de dicho síntoma es necesario reflexionar sobre el estatuto del cuerpo que se pone en juego.

Mauro Nahuel Gross, en "La guardia y el banquito: la posición del analista en las instituciones mentales", parte de un fragmento de Eduardo Galeano que funciona como disparador para invitarnos a pensar sobre las condiciones del lugar del analista en las instituciones mentales.

“Aurora, una historia del significante que no significa nada” constituye un aporte inestimable del licenciado en artes Francisco Levaggi, quien explora la multiplicidad de efectos de sentido de la canción patria Aurora. Se trata de una compleja gama de determinaciones, en las cuales la canción ha funcionado alternativamente como expresión de una reivindicación de la nacionalidad, o bien, como punto de partida de una búsqueda estética que encierra una crítica a ciertos relatos.

A 450 años del nacimiento de Shakespeare, el reconocido periodista Osvaldo Quiroga -de amplia trayectoria en la crítica teatral y literaria y siempre vinculado al psicoanálisis argentino- le rinde homenaje afirmando que “Shakespeare sigue hablándonos al oído”. Partiendo de la idea de que el dramaturgo inglés escribía para el pueblo, Quiroga alcanza la matriz inefable de su poética y afirma que ambos aspectos -su direccionalidad hacia la gente y su calidad de poeta- son los que lo mantienen vivo, aún hoy, entre nosotros.

En nuestra sección “Los lunes del FARP” contamos esta vez con tres participaciones que consideramos fundamentales. Ellas se caracterizan por haber despertado el interés del auditorio al ser presentadas en nuestro Foro. Interés que ha subsistido durante el tiempo que transcurrió hasta esta publicación. Se trata de “Tristeza y bien decir”, de Fabián Allegro; “La sonoridad de lo escrito. Letra y música en la construcción del cuerpo”, de Leonardo Leibson; y “La historia de Genji: El estatuto del sujeto en el Japón clásico”, de Ariel Stilerman.

Por último, como es habitual en Nadie Duerma, nuestra sección “Comentarios de libros”. Esta vez estamos felizmente desbordados, alegremente invadidos por las publicaciones de nuestros amigos, de nosotros mismos, del conjunto del FARP y de miembros de la Internacional de los Foros radicados en otras latitudes. Comenzamos por presentar el primer volumen de [sic]. Publicación de Escuela del FARP. Luego, Variantes de lo tíquico en la era de los traumatismos, de Colette Soler, Martín Alomo, Vanina Muraro, Silvana Castro Tolosa y Gabriel Lombardi. A continuación, Las paradojas del deseo, de Cristina Toro. Silvia Migdalek ha publicado Entre el amor y el tiempo, que también se incluye en esta sección. Luego, encontramos Las tragedias del deseo, de Martín Alomo y Vanina Muraro, seguido de Escribir el trauma de Freud a Lacan, de Sandra Leticia Berta y, a continuación: De la fantasía de infancia a lo infantil de la fantasía, de Ana Laura Prates Pacheco. Cerramos “Comentarios de libros” con uno de excepción: Macedonio. Para empezar aplaudiendo, de Liliana Heer, una analista que también es escritora (o una escritora que también es analista), que reúne a veinticinco prologuistas del ámbito de la cultura argentina, y cuenta con ilustraciones originales de Vanina Muraro.

Con la alegría y el entusiasmo que ha caracterizado a este equipo editorial desde los inicios del proyecto Nadie Duerma, que hoy vemos hecho cuerpo en su cuarta edición, sólo nos restan dos cosas: en primer lugar, agradecer a todos los autores que han participado, que han respondido a la convocatoria temática, que se han sentido invitados; también a nuestros lectores, que nos han manifestado su interés en Nadie Duerma desde los inicios y desde distintos lugares del mundo.

Deseamos a todos una lectura provechosa.

¡Gracias por acompañarnos!

 

 
Buenos Aires, primavera de 2014.

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